Capítulo 11 ~> Escapadita nocturna.


Al día siguiente me levante tarde, pero conseguí llegar a clase a la hora. El día pasó rápidamente. No me pasó nada que merezca ser recordado. Por la tarde me dediqué a ver programas aburridos en la tele y a hacer los pocos deberes que tenía. Después de cenar me duché y con el pelo aún mojado me hice dos trenzas. Con las mismas me metí en la cama. Cerré los ojos, y conseguí dormirme, hasta que el sonido de un mensaje interrumpió mi viaje al mundo de los sueños. De mala gana, estiré el brazo y cogí el móvil. Miré la hora. Eran las dos de la mañana. ¿A quién se le podía ocurrir mandarme un mensaje a esas horas? Supuse que sería de la compañía telefónica. Pero me sorprendí al ver lo confundida que estaba. Mis ojos se abrieron como platos, al leer esto:

"Marina baja, te estoy esperando en la puerta de tu edificio. No tardes, Álex."

Sin darme apenas cuenta pegué un salto de la cama y me puse la ropa que había preparado para el día siguiente. Cogí el móvil y las llaves, y me dispuse a llevar a cabo mi escapada nocturna. Abrí y cerré la puerta sin hacer ruido, para no descubrirme, y bajé por las escaleras los siete pisos que me separaban de Álex. Al llegar a la puerta, lo encontré allí, vestido con unos vaqueros y una sudadera, apoyado en un coche, que supuse, sería suyo. Noté que mi corazón latía demasiado deprisa y sentí las ganas de echar a correr y acercarme a él todo lo posible, pero conseguí mantener la compostura, y vacilante, me acerqué con decisión. Me vio llegar y se apartó del coche. Se acercó a mí como si fuera a darme dos besos, pero aparté la cabeza.  En el fondo lo estaba deseando, pero no iba a dejarme enamorar tan fácilmente.

Yo: Hola.
Álex: Buenas noches.
(Me dedicó una sonrisa.) Ya veo que has sido una chica mala que se ha escapado a las dos de la mañana para verme.
Yo: ¿Para verte a ti? ¡Más quisieras!

Me miró de manera interrogante, y yo seguí hablando.

Yo: Sólo he venido porque me debes una explicación.
Álex: ¿Ah sí? ¿Y qué explicación te debo yo a ti?
Yo: ¿Cómo supiste mi nombre?
Álex: Pues es tan simple como que te leí la mente.
Yo: ¿Sí? ¿A mí y a cuántos más?
Álex: A unos cuantos más, la verdad.

Me miró intrigado. Noté de pronto que hacía frío, y como un acto reflejo me cubrí los brazos con mis manos.

Álex: ¿Tienes frío? Quieres que entremos al coche y ponga la calefacción.
Yo: Lo que quieras.

Pulsó el botón del mando del coche y me abrió la puerta. Monté en el asiento del copiloto. Sí que se estaba mejor. Era muy confortable y no hacía ese horrible frío que me había invadido en la calle, ya que yo con las prisas no había pensado en lo tarde que era y en que, claramente, haría frío y no se me había ocurrida la brillante idea de ponerme una chaqueta.

Álex: ¿Mejor?
Yo: Sí, gracias. ¿Y para qué querías verme a estas horas?
Álex: No sé, quería estar contigo.

Mi corazón pasó de latir demasiado rápido a no latir. Sentí como se me formaba un nudo en la garganta y tuve miedo a que me preguntara algo y no fuera capaz de responderle. Pero no me preguntó nada, simplemente siguió hablando.

Álex: Y como no podía dormir se me ocurrió venir a verte. ¿Te he despertado?
Yo: ¡No! Bueno, sí... Pero no importa.

Me miró fijamente. Me giré y le miré. Durante un breve instante nuestras miradas se cruzaron, pero azorada retiré rápidamente la cabeza.

Álex: A ver, ¿a dónde quieres ir?
Yo: A donde tú quieras llevarme.
Álex: Podemos ir a una cafetería que me recomendaron el otro día, creo que está por aquí. Se llama Pop-Up Café. ¿La conoces?
Yo: No, pero vamos si quieres.
Álex: Vale.

Fuimos todo el trayecto hablando, de esto y de lo otro. En menos de diez minutos llegamos a la cafetería esa. Nos bajamos y entramos. Estaba bastante lleno como para ser las tres de la mañana. Nos sentamos en una mesa libre y pedimos algo para beber.

Álex: ¿Qué? ¿Te gusta?
Yo: Sí. Está muy bien. Pero no me esperaba que hubiera tanta gente y menos a estas horas.
Álex: Es que creo que es nocturna.
Yo: Pues será...

Terminamos de tomarnos lo que habíamos pedido, mientras conversábamos alegremente. Y nos dirigimos a la caja, para pagar. Ya en la caja una voz me sorprendió diciendo:

¿?: Hombre Marina, ¿qué haces tú por aquí?

Me giré confundida y me encontré con Jorge.

Yo: ¡Jorge!
Jorge: Sí, soy yo. (Dijo con una amplia sonrisa)
Yo: ¿Qué haces aquí?
Jorge: Trabajo aquí, te lo dije.
Yo: Aah, ¡es verdad!
Jorge: Y, ¿cómo estás aquí a las cuatro y media de la mañana?
Yo: ¿Las cuatro y media de la mañana?
Jorge: Sí, bueno... Las cinco menos cuarto para ser exactos.
Yo: ¡Madre mía!
Jorge: ¿Qué pasa?
Yo: Será mejor que nos vayamos ya.

Dije dirigiéndome a Álex que se había quedado a un lado, observando atentamente la escena.

Álex: Sí, será mejor.
Yo: Como se entere mi madre, no esperes volver a verme en mucho tiempo.
Álex: Vayámonos, no sé si podría soportar no verte.

Asentí sonriendo.

Yo: Adiós Jorge, me ha encantado volver a verte.
Jorge: Lo mismo digo, ya sabes dónde encontrarme.
Yo: Sí. Venga adiós.

Abandonamos el local y montamos en el coche, de vuelta a casa. Me sentía rara. No estaba acostumbrada a hacer cosas de estas. Mi madre me mataría si se enteraba. Pero, ya no había marcha atrás.
Llegamos a la puerta del edificio. Álex detuvo el coche y ahí se quedó, quieto, esperando que me bajara, pero no parecía que quisiera que me fuera. Me miraba disimuladamente mientras yo, jugueteaba de manera inquieta con las llaves. Álex, finalmente, rompió el silencio.

Álex: ¿Te vas a bajar o prefieres que te baje yo? (Dijo en tono burlón.)
Yo: No quiero bajarme. (Dije mientras seguía toqueteando las llaves.)
Álex: Eso cambia las cosas.

Me miró y sonrió.

Álex: Sinceramente, no quiero que te bajes.

Levanté la cabeza y le miré fijamente a los ojos, mientras mis mejillas se sonrojaban, de manera considerable. Se acercó a mí, poco a poco y mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal.

Yo: Debería irme ya. (Dije interrumpiendo aquel precioso momento.)

Álex se apartó y se apoyó en el respaldo de su sillón.

Álex: Sí, será lo mejor.

En realidad no quería, pero debía hacerlo eran ya casi las seis, y mi madre no tardaría en levantarse. Lo menos que quería era un castigo, aunque entendería a mi madre si se enteraba y me castigaba. ¿A quién se le ocurría escaparse a las dos de la mañana para ver a un chico al que apenas conocía? Pues a mí, sólo a mí.
Abrí la puerta y salí del coche. Álex salió a mi vez. Eché a correr hacia la puerta del edificio. Al llegar me giré y me despedí de aquel chico que me miraba apoyado en un coche desde la acera de enfrente. Me respondió con un gesto y una amplia sonrisa, abrí la puerta de la calle y entré dejando atrás a Álex, y finalizando el delito que había cometido aquella noche. Llegué a casa y me metí en la cama, pensaba dormir, al menos, el tiempo que quedaba hasta que sonara la alarma.

1 comentario:

mari dijo...

Este capítuloo me ha encantadooo ! jajaja
enserioo ess ... nosee ... pero meencanta ajjaa

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