Capítulo 4. Mi salvavidas.


Finjo no haberle visto y sigo andando. Él agarra mi brazo y me mira fijamente.
-¿Qué parte de lo que te dije ayer no te quedó clara?- pregunto enfadada, pero el enfado se me pasa por completo al ver en sus ojos el inmenso dolor que le estoy causando.
-Me quedó todo claro y aún recuerdo unas palabras- cierro los ojos con fuerza a la espera de que siga hablando-. Dijiste que podíamos ser amigos. Bien, seamos amigos- le miro sorprendida suponiendo que es una broma, pero él no se está riendo, sino que me mira con seriedad.
-¿Esto va en serio?- digo aún confundida.
-Completamente.
-Entonces amigos- él me mira y sonríe-, pero Oliver, amigos. Solo amigos.
-Amigos- sonrío a su vez y él me abraza. Me pilla un poco por sorpresa y al principio no sé qué hacer, pero finalmente acabo por corresponder su abrazo.
-Aunque podríamos…
-No- digo cortante.
-Vale- dice resignado. Yo sonrío.
-Mejor.
Entramos a clase en silencio y me siento en segunda fila, como siempre. Antes de lo que esperaba entra el profesor. Saco mi libro y abro la libreta. Paso las hojas con rapidez, hasta que encuentro algo que me asombra. Una foto, esa foto que me impedía estudiar para los exámenes de biología y que me hacía enamorarme más por momentos. Esa foto en la que sus preciosos ojos casi no se veían, pero que aún así, me hacía estremecerme. Esa por la que había llorado tantas veces.

La miro unos segundos, luego le doy la vuelta y cierro la libreta. Levanto la cabeza y miro al profesor, fingiendo prestar atención. Mis pensamientos no están precisamente en la reproducción de las bacterias, pero yo asiento como si entendiera todo lo que dice. Recuerdo su sonrisa, recuerdo todas sus palabras, recuerdo cuando me empujaba y yo me enfadaba, recuerdo cuando se fue y recuerdo mi dolor, que aún no se ha ido, sigue ahí escondido en algún lugar. Y así paso la clase, añorando tiempos pasados y repitiéndome cien mil veces que no debo quererle, que no merece que le quiera, que se fue y me abandonó. Sin embargo, mi corazón brinca en mi pecho cada vez que pienso en lo cerca que está ahora y en lo preciosa que sigue siendo su sonrisa.
Salgo de clase cinco horas más tarde y comienzo a andar de vuelta a casa. El viento me da de golpe en la cara, enredando mi pelo. Voy andando por las calles mirando, a todas partes, pero sin prestar atención a nada de lo que me rodea. Pronto llego a mi casa y entro. Mis padres están en la cocina, sentados en la mesa, conversando de algo que no creo que tenga mucha importancia. Dejo la mochila en el suelo, me quito la chaqueta y entro a la cocina.
-Hola- murmuro mientras me siento en una silla. Mis padres se callan y me miran.
-Hola cielo- dice mi padre sonriendo.
-¿De qué hablabais?- pregunto con indiferencia.
-De nada. Es que esta mañana me he cruzado con Derek. Pensaba que se había mudado- dice mi madre mirándome.
Un nudo se forma en mi garganta y me empiezan a sudar las manos. Dudo que sea capaz de decir nada, así que me limito a asentir. Suspiro con fuerza y pincho un trozo de lechuga de mi plato. ¿Por qué han tenido que sacar el tema?  Ellos lo saben. En realidad nunca se lo he dicho, pero son mis padres y estoy segura de que se dan cuenta de ese tipo de cosas. También está el hecho de que nada más irse empecé a encerrarme en mi habitación, a llorar por las esquinas y a pasarme la vida sentada delante de la ventana. Supongo que deberían ser capaces de darse cuenta de eso.
Comienzo a pasear la comida de un lado a otro del plato y mi padre me mira preocupado. En cuanto termino de tomarme el postre huyo a mi habitación, me acerco a la ventana con suavidad y retiro la cortina. La abro y un helado viento invernal azota mi cara con fuerza. Cierro los ojos y me siento en el alféizar, con los pies colgando en el aire.
-¿No tienes frío?- me dice una voz con suavidad.
Abro los ojos y le veo. Está asomado a su ventana con una sonrisa en la cara, esa sonrisa que tanto me gusta.
-Algo- respondo. Él se queda callado mirándome- No te puedes imaginar la de veces que he soñado que ocurría esto…
-¿Esto?
-Sí. Que yo me sentaba en el alféizar y tú aparecías, te asomabas a la ventana y me mirabas sonriendo.
-Yo también soñaba con venir y mirarte desde la ventana.
-¿Y por qué no lo hiciste?
-No lo sé- ambos nos quedamos callados, estremeciéndonos por el frío.
-Será mejor que entre- digo con ansiedad, deseando escapar de esa situación.
-Luego nos vemos.
-Adiós- susurro girándome y entrando a la habitación.
Cierro la ventana con cuidado, evitando mirarle. Corro la cortina con lentitud y observo que él sigue ahí parado en silencio, con la vista fija en el horizonte.
Me alejo de la ventana con paso vacilante y me siento en la cama. No puede ser… No es normal que mi corazón se descontrole cada vez que le veo. Pensaba que esto ya lo había superado, pero parece ser que estaba equivocada. Aprieto los puños con fuerza, tal vez con más de la necesaria y como otra tarde más, me abrazo a recuerdos muertos. Me abrazo como si fueran mi única forma de seguir a flote, mi salvavidas al encontrarme perdida en medio del mar.

3 comentarios:

Mari dijo...

Me encantaa ^^ siguee

Samy_Belieber dijo...

Me encantó! :) Espero que subas el proximo pronto. Esta novela cada vez es mejor,mejor y mejor.
Un beso

AE dijo...

Meee encanta me encantaa !!!!! enseriooo eeh jajaja esta historia me encantas es super mona jajaja. Prontooo proximooooo 1!!!! :D

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